Nunca le había gustado ser muy sedentaria. Quizá por eso
ahora que acababa de licenciarse quería irse, viajar antes de que una nueva
vida la atase a un mismo lugar.
Claire era una joven atractiva. Llevaba unos vaqueros rasgados
y una camiseta roja. Tenía una larga melena negra, ligeramente ondulada, que no
hacía otra cosa que resaltar sus dulces rasgos y sus grandes ojos de un verde
intenso. Detestaba que se le quedasen mirando como si fuese de otra especie, cosa
que le pasaba desde la adolescencia; por lo que desarrollo un carácter fuerte y
extrovertido, que ciertas personas tildaban de prepotente sin llegar a conocer
su dulzura natural.
Ya era verano, quería dejar aquella ciudad, aunque estaba repleta
de recuerdos y cosas maravillosas. Ya tendría tiempo de volver. Había hablado
con la Sra. Kauffman, le guardaría el piso el tiempo que estuviese fuera y
habían arreglado el pago del alquiler: tenía todo solucionado, por lo que cogió
una mochila con algo de ropa y se fue al aeropuerto. Allí estaba Jay,
esperándola, como siempre, con una tierna sonrisa. Era un chaval alto, delgado,
tenía el pelo castaño, corto, que llevaba siempre despeinado y que combinaba
perfectamente con su aspecto, que le daba la apariencia despreocupada que a
Claire tanto le gustaba. Llevaba unos vaqueros oscuros, con la camiseta de los
Ramones, su favorita.
No pudieron evitar correr a abrazarse. Eran amigos desde que
tenían memoria, siempre fueron los dos, aunque últimamente no se veían tanto
como hubiesen querido. Ella había estado estudiando, y el haciendo sus cursos
de fotografía; pero ahora todo podría ser como antes.
- Jay! No sabes como me alegro de verte, te he echado de
menos.
-Normal, no te habías dado cuenta de que soy imprescindible?
-Jejeje, lo siento, se me había olvidado tu gran sentido del
humor.
-Ya te estás metiendo conmigo? Pues si que empezamos bien el
viaje. Venga que vamos a perder el avión, Francia nos espera!
